Sí, ¿qué era el amor? Un viento que susurra entre las rosas... ¡Oh, no!

Sí, ¿qué era el amor? Un viento que susurra entre las rosas... ¡Oh, no! Una fosforescencia amarilla que recorre la sangre. El amor era una música cálida, diabólica, que hace latir hasta los corazones de los más ancianos. Era como la margarita, que, en cuanto llega la noche, se abre plenamente, y era como la anémona, que a un soplo de aire se cierra y muere al ser tocada.
Así era el amor.
Abatía a un hombre y de nuevo lo levantaba para volverlo a abatir; hoy me anima a mí, mañana a ti, a otro la noche siguiente, tal es su inconstancia. Pero también podía perdurar, semejante a un sello infrangible, quemar como un fuego continuo, hasta el momento supremo; de tal forma era eterno. ¿Cómo es, pues, el amor?
¡Oh! El amor es una noche estival, bajo el cielo estrellado, sobre la tierra embalsamada. Pero ¿Por que es causa de que el adolescente siga senderos escondidos y hace erguirse al anciano en su habitación solitaria? ¡Ah! El amor hace el corazón de los hombre semejante a un vivero, un jardín ubérrimo e insolente, donde crecen misteriosas y atrevidas plantas.
Así es el amor. 
No, no: todavía es otra cosa, sin parecido a nada en el mundo. Vino a la tierra en una noche de primavera, cuando un adolescente vio unos ojos, unos ojos. Los contempló, fijándolos en los suyos. Besó una boca, y fueron dos rayos de luz que se cruzaron en su corazón, un sol resplandeciendo hacia una estrella. Cayó entre dos brazos, y ya no vio ni oyó otra cosa en el mundo entero.
El amor es la primera palabra de Dios, es el primer pensamiento que cruzó por su mente. Cuando dijo: “¡Que la luz sea!”, nació el amor. Y halló muy bueno todo lo que había creado; nada hubiera querido cambiar. Y el amor fue el origen del mundo, el maestro del mundo.
Mas todos sus caminos están llenos de flores y de sangre, de sangre y de flores.

Hamsun, K. (1956). Victoria (pp. 37-38). Barcelona: Edit. Juventud.

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